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El teatro y la pandemia, cuando las artes escénicas curaban enfermedades

Siempre ha existido una relación cercana entre la actuación teatral y la noción de sanar. La Agencia Anadolu habló con varios expertos del sector quienes explican la relación histórica entre pandemia y teatro.
Jose Ricardo Baez Gonzalez

“El tema de las plagas y las pestes siempre ha influido en el quehacer teatral y sobre el imaginario de la gente que
escribe y vive del teatro”, asegura Pedro Salazar, director del área de artes escénicas de la Facultad de Artes y
Humanidades de la Universidad de Los Andes. Las plagas y las epidemias aparecen en las obras magistrales del teatro
universal, como Edipo Rey, de Sófocles; Hipólito, de Eurípides, o Romeo y Julieta, de William Shakespeare.

También el aislamiento social ha sido parte de la dramaturgia universal. Por ejemplo, James Shapiro, de la Universidad
de Columbia, asegura que Shakespeare escribió obras maestras como Rey Lear, Macbeth, y Antonio y Cleopatra durante
la cuarentena en la plaga de 1606. Este período fue “una concentración de poder creativo, más que cualquier otra época
en la carrera de Shakespeare”, afirma el académico.

Templo curativo y catarsis

Epidauro, una pequeña ciudad de la península al noreste del Peloponeso en la Antigua Grecia, era conocida porque allí
estaba ubicado el santuario de Asclepio, también llamado ‘asclepeion’, pues era dedicado a este dios de la medicina y la
curación. Este lugar era uno de los mayores centros medicinales de la época, donde se puede trazar el posible inicio de
esta relación entre teatro y enfermedad.

El asclepeion de Epidauro era un gran complejo de edificios que incluía casas de huéspedes, un gimnasio, un estadio y
el famoso Teatro de Epidauro, la construcción más llamativa ubicada a pocos metros del templo en una colina. De todos
los teatros antiguos es el mejor conservado. Tenía capacidad para albergar hasta 14.000 personas y su acústica aún hoy
es excepcional. En este teatro se celebraba un festival en honor de Asclepio, pero la razón de su construcción se debía a
una cuestión médica.

Quienes iban a estos templos curativos tenían que hacer un tratamiento preliminar, una purificación: una serie de baños
de limpieza, acompañados de ayunos y dietas rigurosas de varios días. Esta etapa se denominaba ‘katharsis’ y pretendía
purgar sus emociones, ya fuera con dichos métodos o usando el arte. Se creía entonces que la enfermedad no era algo
natural, sino un problema psíquico, un agravio a los dioses y el teatro ayudaba a “elevar el alma”.

Para alcanzar ese estado emocional de catarsis y expiar un dolor, el teatro, la música y la danza eran una especie de
medicina que servía para limpiar las culpas y liberarse de la enfermedad, según explica Andrzej Szczeklik en su libro
Catarsis: Sobre el poder curativo de la naturaleza y del arte. Y por esta razón, personas de todo el Mediterráneo Oriental
acudían a Epidauro para curar sus enfermedades y alcanzar la catarsis viendo obras de teatro.

Según Aristóteles, las tragedias, una de las formas teatrales de la antigua Grecia, usan la trama a través de la fortuna del
protagonista, para evocar miedo y compasión en la audiencia. Esto resulta inevitablemente en una catarsis y, por lo tanto,
la audiencia puede expiar sus emociones. “Una tragedia, en consecuencia, es la imitación de una acción elevada [...]
presentada en forma dramática, no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales
realizan la catarsis de tales emociones”, dice en su Poética, escrita en el siglo IV a.C.

En su texto La Política, Aristóteles cuenta que las personas perturbadas mentalmente eran tomadas bajo el cuidado de
estos sacerdotes y sometidas a los efectos de la música salvaje e inquieta, y como resultado los pacientes volvían a su
estado normal, "como si se hubieran sometido a un tratamiento médico o purgativo". Y afirmaba que "quienes están
expuestos a la piedad y al temor [...] se someten a una ‘katharsis’ de algún tipo y sienten alivio y placer”, según señala
D.A. Baker, de la Universidad de Chicago, en su texto Katharsis: An Inquiry.

Teatro y plaga

Para Antonin Artaud, una de las principales figuras de las artes escénicas del siglo XX, el teatro y la plaga tienen una
relación intrínseca. Artaud concibe el nacimiento del acto teatral durante la peste, cuando todas las “formas
institucionales” se derrumban: “Nadie cuida los caminos; no hay ejército, ni policía, ni gobiernos municipales [...]. La hez
de la población, aparentemente inmunizada por la furia de la codicia, entra en las casas abiertas y echa mano a riquezas,
aunque sabe que no podrá aprovecharlas. Y en ese momento nace el teatro. El teatro, es decir la gratuidad inmediata
que provoca actos inútiles y sin provecho”.

De acuerdo con Pedro Salazar, “cuando se derrumban las estructuras sociales, cuando un hijo mata a su padre, cuando
el hombre virtuoso empieza a vivir en libertinaje, cuando hay un desorden social y cuerpos quemándose en la calle”, en
ese momento Artaud encuentra la semejanza de esta situación con el trabajo del actor. “En la peste todos somos
protagonistas y espectadores al mismo tiempo”, señala.

Felipe Reyes, codirector de Teatro de Garaje, cree que "esta pandemia [del coronavirus] nos ha permitido valorar esa
tensión dramática". Para él, cuando vamos a teatro buscamos esos momentos. “En esta cuarentena obligatoria hay
mucho silencio y surge o florece el valor de esos instantes que emocionan y nos conmueven, como en el teatro".

“Según Artaud, la sociedad está enferma. La metáfora la han usado grandes reformadores del teatro para referirse a una
sociedad que padece ciertos males”, explica Hernando Parra, fundador del Teatro R-101. Para él, el teatro siempre ha
estado rodeado de epidemias y pestes, y eso ha configurado un contexto de crisis que hace interesante preguntarse
cómo hacer teatro en estos momentos. "Hemos estado rodeados de peligrosos contextos y situaciones muy adversas.
Igual, el teatro siempre ha sobrevivido”.

Para Artaud, al igual que la peste, el teatro es un delirio contagioso, “porque afecta a importantes comunidades y las
trastorna en idéntico sentido [...]. Una verdadera pieza de teatro perturba el reposo de los sentidos, libera el inconsciente
reprimido, incita a una especie de rebelión [...] e impone a la comunidad una actitud heroica y difícil”.

“El paso por esa plaga nos debe transformar. Salimos traumatizados, pero también fortalecidos. Esto debe generar el
teatro para Artaud. Esa especie de transformación, de terremoto interno que nos transforma”, asegura Pedro Salazar,
quien se ha reencontrado con este texto de Artaud titulado El teatro y la peste. Cuando era más joven no entendió su
resonancia, pues no comprendía el verdadero significado de una pandemia.

Para Fabio Rubiano, fundador del Teatro Petra, Artaud aboga por un teatro dionisiaco y deja a un lado el apolíneo. Sin
embargo, comparte la idea de delirio y facilidad de contagio del placer por las artes escénicas. "Es difícil que quien
empiece a hacer teatro lo deje de hacer y quien lo ha hecho lo recuerda durante toda la vida. Es el virus bueno, la
bacteria buena que se inocula dentro de tu cuerpo y en tu corazón, y nunca sale de ahí”, asegura.

En medio de la pandemia del coronavirus y el aislamiento social obligatorio es necesario destacar la capacidad resiliente
del teatro. Ha sobrevivido a pandemias como el desfinanciamiento o la censura política. Pero también es necesario
subrayar la importancia que tiene para la humanidad. Como lo explica Hernando Parra, el teatro cumple una función
social muy importante y, en este momento, es tal vez la más importante de todas: fomentar el encuentro físico de las
personas. “El teatro es uno de los pocos espacios en que las personas se encuentran, respiran, recuerdan que son
humanos y construyen comunidad”.
Teatro de la Universidad Industrial de Santander
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